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DIUMENGE V durant l’any / C / 2022

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La multiplicación (2)

Asumir lo ajeno propio

«Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?».  (Jn 6,1-15)

Cinco panes y dos peces: el asunto en juego es la alimentación. La alimentación es siempre el asunto que está en juego en primera instancia: llenar la barriga, llenar la mente, llenar la agenda, llenar el corazón… necesitamos alimentarnos para vivir: pan material para sobrevivir corporalmente y pan espiritual para que sobreviva el espíritu.

Y ¿quién nos alimenta? Ésa es, después de todo, la gran pregunta. Dadles vosotros de comer, responde Jesús. Es revelador que ante una situación tan perentoria, la primera respuesta del maestro no sea recurrir a Dios, sino precisamente a sus seguidores. Pero ¿cómo hacerlo? Esa es la segunda cuestión. Porque cinco panes y dos peces, se mire como se mire, es muy poco. Pero es lo que hay. El milagro es siempre a partir de lo que hay. Lo propio de los comienzos es que hay poco, pero ése es siempre el punto de partida. Todo comienza modestamente, lo característico de cualquier comienzo es su modestia. La modestia es la clave para vaticinar un desarrollo esplendoroso. El milagro consiste en mostrar como lo que parece poco es en el fondo mucho, mejor aún, demasiado, pues termina sobrando. Es la fe en lo poco lo que luego posibilita mucho.

Para que ese poco se multiplique, para que se muestre lo que puede llegar a hacerse con lo que casi siempre despreciamos por su pobre apariencia, es primero que la multitud se siente y, segundo, que Jesús dé gracias, es decir, que por un lado el cuerpo se disponga y por el otro que la mente y el corazón vayan a su centro. Los dones sólo se multiplican si los agradecemos, es decir, si los reconocemos como dones: como regalos que nos hace la vida, no como simples esfuerzos de planificación y ejecución.

Es así como Jesús estimula la generosidad de los presentes, es decir, es decir, invitándoles a ver más allá de sus propios intereses y a dejar de lado su preocupación por el futuro. El verdadero milagro es que, con la predisposición adecuada, el egoísmo queda vencido y la comunión deja de ser un mero deseo y se hace realidad. Nadie se queda con hambre porque nadie acapara sus bienes. Compartir nos hace como Dios, nos hace Dios mismo, es decir, uno con los otros, sin separación.

Pablo d’Ors, Biografía de la luz

 

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