Y, volvi\u00e9ndose hacia la mujer, dijo a Sim\u00f3n: \u00bfVes a esta mujer? (Lc 7,44)<\/strong><\/p>\nEn la cena celebrada en la casa de Sim\u00f3n el fariseo se escenifica un conflicto sorprendente: el hombre piadoso y la prostituta, el poderoso y la que no tiene nombre, la ley y el perfume, la regla y el amor de confrontaci\u00f3n.<\/p>\n
Sor Mar\u00eda, del eremitorio franciscano de Campello sul Clitunno, sol\u00eda repetir a sus hermanas: \u201cDejad la regla cuando est\u00e9 en contradicci\u00f3n con el amor\u201d<\/strong><\/p>\nS\u00f3lo el evangelio es capaz de plantear un conflicto tan inesperado, en el cual los que prevalecen son el perfume, la prostituta y la caricia.<\/p>\n
La mujer<\/strong> tiene entre sus manos los pies de Jes\u00fas. Ella sabe d\u00f3nde necesita cuidados el hombre. Y va m\u00e1s all\u00e1 de los convencionalismos y de las reglas<\/strong>, rebasa todos los c\u00e1lculos. Se salta las reglas en el banquete, como se las ha saltado en la vida, con gestos que hacen decir a Sim\u00f3n: \u201cSi este fuera un profeta, conocer\u00eda que la mujer que lo toca es una pecadora\u201d.<\/p>\nEl error de Sim\u00f3n es la mirada que juzga<\/strong>, que en una sola frase emite dos juicios: que Jes\u00fas es un falso profeta y que aquella mujer es una repudiada y tiene el mismo nombre de su pecado, como alguien que es paral\u00edtico o leproso.<\/p>\nJes\u00fas<\/strong> durante toda su existencia ense\u00f1ar\u00e1 una mirada que no juzga, incluyente y misericordiosa. Jes\u00fas no generaliza nunca<\/strong>, ni siquiera con Sim\u00f3n: no ve en \u00e9l a un fariseo m\u00e1s, ve al hombre, un hombre que merece atenci\u00f3n y di\u00e1logo.<\/p>\nEl error de Sim\u00f3n es poner en el centro de la relaci\u00f3n entre hombre y Dios<\/strong>, e incluso de la profec\u00eda, al pecado<\/strong>, haciendo del mismo el eje fundamental de la religi\u00f3n. Es el error de los moralistas de todos los tiempos, de los fariseos de siempre.<\/p>\nJes\u00fas aleja inmediatamente y sin vacilaciones aquella idea. Jes\u00fas<\/strong> no es moralista: coloca al centro a la persona con sus l\u00e1grimas y sonrisas y su carne doliente o exultante, y no la ley.<\/strong><\/p>\nEl evangelio no es moralista<\/strong>. Nos adentramos en sus ardientes p\u00e1ginas y vemos que aparecen con m\u00e1s frecuencia los t\u00e9rminos pobre o pobres que pecador; somos fr\u00e1giles y custodios de l\u00e1grimas, prisioneros de mil l\u00edmites antes que culpables.<\/strong><\/p>\nSomos nosotros los que hemos moralizado el evangelio. Pero al principio no era as\u00ed: \u201cEl evangelio no es una moral, sino una desconcertante liberaci\u00f3n\u201d<\/strong> (Giovanni Vannucci<\/em>). Nos libera del paradigma del pecado y nos introduce en el paradigma de la vida en plenitud. <\/strong><\/p>\nLos milagros de Jes\u00fas tienen el mismo sentido: reconstruir la integridad de la persona, restituir la plenitud de la humanidad<\/strong>. Todos aquellos que elevan la primera, la m\u00e1s humana y m\u00e1s evang\u00e9lica de las oraciones: Kyrie, eleison <\/em>(Se\u00f1or, ten piedad), no piden perd\u00f3n por sus culpas, gritan su dolor<\/strong>: piedad de estos ojos apagados, de esta piel llagada, de este cuerpo que nos ha traicionado. Kyrie, eleison<\/em>: ten compasi\u00f3n, mu\u00e9strate madre, detente y pon tu mano sobre este dolor.<\/p>\n\u201cSim\u00f3n, \u00bfves a esta mujer? Sim\u00f3n no ve m\u00e1s que una historia de trasgresiones. Jes\u00fas no ignora quien es<\/strong>, no finge que no sabe pero la acoge<\/strong>. Con sus heridas y sobre todo con su centelleo de luz.<\/p>\nAunque hayas infringido mil veces tus promesas, ven. Ven, a pesar de todo, ven<\/strong>. Con tus gestos m\u00e1s aut\u00e9nticos o en vasos de arcilla, pero \u00a1ven! Y nos pondremos en camino.<\/p>\nErmes Ronchi: Las preguntas escuetas del evangelio\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"
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