{"id":25098,"date":"2025-08-08T12:28:15","date_gmt":"2025-08-08T10:28:15","guid":{"rendered":"https:\/\/smaria.salou.arqtgn.cat\/?p=25098"},"modified":"2025-08-08T12:29:13","modified_gmt":"2025-08-08T10:29:13","slug":"domingo-xix-tiempo-ordinario-c-2025","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/smaria.salou.arqtgn.cat\/es\/domingo-xix-tiempo-ordinario-c-2025\/","title":{"rendered":"DOMINGO XIX tiempo ordinario \/ C \/ 2025"},"content":{"rendered":"\r\n<table style=\"border-collapse: collapse;width: 100%\">\r\n<tbody>\r\n<tr>\r\n<td style=\"width: 50%\">\r\n<div id=\"attachment_25090\" style=\"width: 300px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/www.arquebisbattarragona.cat\/es\/recursos-pastorals\/lectures-dominicals\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-25090\" class=\"wp-image-25090 size-medium\" src=\"https:\/\/smaria.salou.arqtgn.cat\/wp-content\/uploads\/sites\/10\/2025\/08\/646cbf95d7842650fa24b49343700309-300x276.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"276\" srcset=\"https:\/\/smaria.salou.arqtgn.cat\/wp-content\/uploads\/sites\/10\/2025\/08\/646cbf95d7842650fa24b49343700309-300x276.jpg 300w, https:\/\/smaria.salou.arqtgn.cat\/wp-content\/uploads\/sites\/10\/2025\/08\/646cbf95d7842650fa24b49343700309-560x515.jpg 560w, https:\/\/smaria.salou.arqtgn.cat\/wp-content\/uploads\/sites\/10\/2025\/08\/646cbf95d7842650fa24b49343700309.jpg 736w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-25090\" class=\"wp-caption-text\">Leer la Palabra de Dios<\/p><\/div>\r\n<\/td>\r\n<td style=\"width: 50%\">\r\n<div id=\"attachment_14530\" style=\"width: 206px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/hemeroteca.arqtgn.cat\/bitstream\/123456789\/14185\/1\/fd3935.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-14530\" class=\"wp-image-14530\" src=\"https:\/\/smaria.salou.arqtgn.cat\/wp-content\/uploads\/sites\/10\/2021\/01\/full_ca-300x173.jpg\" alt=\"\" width=\"206\" height=\"119\" srcset=\"https:\/\/smaria.salou.arqtgn.cat\/wp-content\/uploads\/sites\/10\/2021\/01\/full_ca-300x173.jpg 300w, https:\/\/smaria.salou.arqtgn.cat\/wp-content\/uploads\/sites\/10\/2021\/01\/full_ca.jpg 400w\" sizes=\"auto, (max-width: 206px) 100vw, 206px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-14530\" class=\"wp-caption-text\">Leer la Hoja Dominical en catal\u00e1n y castellano<\/p><\/div>\r\n<\/td>\r\n<\/tr>\r\n<\/tbody>\r\n<\/table>\r\n<p>&nbsp;<\/p>\r\n<hr \/>\r\n<h4>Una mirada art\u00edstica a l\u2019Evangeli del Diumenge, un gentilesa de l\u2019<em>Amadeu Bonet<\/em>, artista.<a href=\"https:\/\/smaria.salou.arqtgn.cat\/wp-content\/uploads\/sites\/10\/2025\/08\/diumenge.jpg\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-25094 size-full\" src=\"https:\/\/smaria.salou.arqtgn.cat\/wp-content\/uploads\/sites\/10\/2025\/08\/diumenge.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"608\" srcset=\"https:\/\/smaria.salou.arqtgn.cat\/wp-content\/uploads\/sites\/10\/2025\/08\/diumenge.jpg 800w, https:\/\/smaria.salou.arqtgn.cat\/wp-content\/uploads\/sites\/10\/2025\/08\/diumenge-300x228.jpg 300w, https:\/\/smaria.salou.arqtgn.cat\/wp-content\/uploads\/sites\/10\/2025\/08\/diumenge-768x584.jpg 768w, https:\/\/smaria.salou.arqtgn.cat\/wp-content\/uploads\/sites\/10\/2025\/08\/diumenge-560x426.jpg 560w\" sizes=\"auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><\/a><\/h4>\r\n<hr \/>\r\n<h4 style=\"text-align: justify\">Ciclo de catequesis &#8211; Jubileo 2025. Jesucristo, nuestra esperanza. II. La vida de Jes\u00fas. Las par\u00e1bolas 7. El samaritano. \u00abPero un samaritano que viajaba por all\u00ed, al pasar junto a \u00e9l, lo vio y se conmovi\u00f3\u00bb(Lc 10).<\/h4>\r\n<p>&nbsp;<\/p>\r\n<p style=\"text-align: justify\">Queridos hermanos y hermanas:<\/p>\r\n<p style=\"text-align: justify\">Continuamos meditando sobre algunas par\u00e1bolas del Evangelio que nos ofrecen la oportunidad de cambiar de perspectiva y abrirnos a la esperanza. La falta de esperanza, a veces, se debe a que nos quedamos atrapados en una cierta forma r\u00edgida y cerrada de ver las cosas, y las par\u00e1bolas nos ayudan a mirarlas desde otro punto de vista.<\/p>\r\n<p style=\"text-align: justify\">Hoy me gustar\u00eda hablarles de una persona experta, preparada, un doctor en la Ley, que sin embargo necesita cambiar de perspectiva, porque est\u00e1 concentrado en s\u00ed mismo y no se da cuenta de los dem\u00e1s (cf. Lc 10,25-37). De hecho, le pregunta a Jes\u00fas c\u00f3mo se \u00abhereda\u00bb la vida eterna, utilizando una expresi\u00f3n que la considera como un derecho inequ\u00edvoco. Pero detr\u00e1s de esta pregunta, quiz\u00e1s se esconde precisamente una necesidad de atenci\u00f3n: la \u00fanica palabra sobre la que pide explicaciones a Jes\u00fas es el t\u00e9rmino \u00abpr\u00f3jimo\u00bb, que literalmente significa \u00abel que est\u00e1 cerca\u00bb.<\/p>\r\n<p style=\"text-align: justify\">Por eso, Jes\u00fas cuenta una par\u00e1bola que es un camino para transformar esa pregunta, para pasar del \u00ab\u00bfqui\u00e9n me quiere?\u00bb al \u00ab\u00bfqui\u00e9n ha querido?\u00bb. La primera es una pregunta inmadura, la segunda es la pregunta del adulto que ha comprendido el sentido de su vida. La primera pregunta es la que pronunciamos cuando nos situamos en un rinc\u00f3n y esperamos, la segunda es la que nos impulsa a ponernos en camino.<\/p>\r\n<p style=\"text-align: justify\">La par\u00e1bola que cuenta Jes\u00fas tiene, de hecho, como escenario un camino, y es un camino dif\u00edcil y \u00e1spero, como la vida. Es el camino que recorre un hombre que baja de Jerusal\u00e9n, la ciudad en la monta\u00f1a, a Jeric\u00f3, la ciudad bajo el nivel del mar. Es una imagen que ya presagia lo que podr\u00eda ocurrir: efectivamente, sucede que ese hombre es asaltado, golpeado, despojado y abandonado medio muerto. Es la experiencia que se vive cuando las situaciones, las personas, a veces incluso aquellos en quienes hemos confiado, nos quitan todo y nos dejan tirados.<\/p>\r\n<p style=\"text-align: justify\">Pero la vida est\u00e1 hecha de encuentros, y en estos encuentros nos revelamos tal y como somos. Nos encontramos frente al otro, frente a su fragilidad y su debilidad, y podemos decidir qu\u00e9 hacer: cuidar de \u00e9l o hacer como si nada. Un sacerdote y un levita bajan por ese mismo camino. Son personas que prestan servicio en el Templo de Jerusal\u00e9n, que viven en el espacio sagrado. Sin embargo, la pr\u00e1ctica del culto no lleva autom\u00e1ticamente a ser compasivos. De hecho, antes que una cuesti\u00f3n religiosa, \u00a1la compasi\u00f3n es una cuesti\u00f3n de humanidad! Antes de ser creyentes, estamos llamados a ser humanos.<\/p>\r\n<p style=\"text-align: justify\">Podemos imaginar que, despu\u00e9s de haber permanecido mucho tiempo en Jerusal\u00e9n, aquel sacerdote y aquel levita tienen prisa por volver a casa. Es precisamente la prisa, tan presente en nuestra vida, la que muchas veces nos impide sentir compasi\u00f3n. Quien piensa que su viaje debe tener la prioridad, no est\u00e1 dispuesto a detenerse por otro.<\/p>\r\n<p style=\"text-align: justify\">Pero he aqu\u00ed que llega alguien que s\u00ed es capaz de detenerse: es un samaritano, es decir, alguien que pertenece a un pueblo despreciado (cf. 2 Re 17). En su caso, el texto no precisa la direcci\u00f3n, sino que solo dice que estaba de viaje. La religiosidad aqu\u00ed no tiene nada que ver. Este samaritano se detiene simplemente porque es un hombre ante otro hombre que necesita ayuda.<\/p>\r\n<p style=\"text-align: justify\">La compasi\u00f3n se expresa a trav\u00e9s de gestos concretos. El evangelista Lucas se detiene en las acciones del samaritano, al que llamamos \u00abbueno\u00bb, pero que en el texto es simplemente una persona: el samaritano se acerca, porque si quieres ayudar a alguien, no puedes pensar en mantenerte a distancia, tienes que implicarte, ensuciarte, quiz\u00e1s contaminarte; le venda las heridas despu\u00e9s de limpiarlas con aceite y vino; lo carga en su montura, es decir, se hace cargo de \u00e9l, porque solo se ayuda de verdad si se est\u00e1 dispuesto a sentir el peso del dolor del otro; lo lleva a una posada donde gasta su dinero, \u00abdos denarios\u00bb, m\u00e1s o menos dos d\u00edas de trabajo; y se compromete a volver y, si es necesario, a pagar m\u00e1s, porque el otro no es un paquete que hay que entregar, sino alguien que hay que cuidar.<\/p>\r\n<p style=\"text-align: justify\">Queridos hermanos y hermanas, \u00bfcu\u00e1ndo seremos capaces nosotros tambi\u00e9n de interrumpir nuestro viaje y tener compasi\u00f3n? Cuando hayamos comprendido que ese hombre herido en el camino nos representa a cada uno de nosotros. Y entonces, el recuerdo de todas las veces que Jes\u00fas se detuvo para cuidar de nosotros nos har\u00e1 m\u00e1s capaces de compasi\u00f3n.<\/p>\r\n<p style=\"text-align: justify\">Recemos, pues, para que podamos crecer en humanidad, de modo que nuestras relaciones sean m\u00e1s verdaderas y m\u00e1s ricas en compasi\u00f3n. Pidamos al Coraz\u00f3n de Cristo la gracia de tener cada vez m\u00e1s sus mismos sentimientos.<\/p>\r\n<p style=\"text-align: right\"><em>Papa Francisco<\/em><\/p>\r\n<p>&nbsp;<\/p>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Una mirada art\u00edstica a l\u2019Evangeli del Diumenge, un gentilesa de l\u2019Amadeu Bonet, artista. Ciclo de catequesis &#8211; Jubileo 2025. Jesucristo, nuestra esperanza. II. La vida de Jes\u00fas. Las par\u00e1bolas 7. 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