{"id":10521,"date":"2019-03-23T00:02:40","date_gmt":"2019-03-22T23:02:40","guid":{"rendered":"http:\/\/smaria.salou.arqtgn.cat\/domingo-iii-de-cuaresma-c-2019\/"},"modified":"2019-03-23T00:02:40","modified_gmt":"2019-03-22T23:02:40","slug":"domingo-iii-de-cuaresma-c-2019","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/smaria.salou.arqtgn.cat\/es\/domingo-iii-de-cuaresma-c-2019\/","title":{"rendered":"Domingo III de Cuaresma \/ C \/ 2019"},"content":{"rendered":"<table style=\"height: 134px;width: 737px\">\n<tbody>\n<tr style=\"height: 256px\">\n<td style=\"height: 134px;width: 488.283px\"><a href=\"https:\/\/www.lecturesmissa.arquebisbattarragona.cat\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-8231 aligncenter\" src=\"https:\/\/i.ytimg.com\/vi\/-SaofbEEkrU\/hqdefault.jpg\" width=\"360\" height=\"210\" \/><\/a><\/td>\n<td style=\"height: 134px;width: 247.917px\">\n<p><div id=\"attachment_5183\" style=\"width: 176px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/www.esglesiadetarragona.cat\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/hd3602Espan%CC%83ol.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-5183\" class=\"wp-image-5183\" src=\"https:\/\/web.cdn.arqtgn.cat\/wp-content\/uploads\/2018\/12\/full2.jpg?sequence=3&amp;isAllowed=y?\" alt=\"\" width=\"176\" height=\"166\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-5183\" class=\"wp-caption-text\">Leer la Hoja Dominical<\/p><\/div><\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<p>[youtube https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=CDkVc910MFU]<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>[youtube https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=2_MNAK7ZSBo]<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3 style=\"text-align: justify\"><strong><span style=\"color: #ff6600\">Lectura espiritual<\/span><\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: justify\">Cuando el Esp\u00edritu ha establecido su morada en el coraz\u00f3n del hombre, es evidente que uno ya no puede distinguir entre amor a Dios y amor al pr\u00f3jimo, oraci\u00f3n y caridad fraterna; estas dos realidades est\u00e1n inextricablemente unidas. <strong>La oraci\u00f3n suscita una caridad total en el coraz\u00f3n. <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>\u201c\u00bfQu\u00e9 es el coraz\u00f3n caritativo?: es un coraz\u00f3n que se abrasa de amor por la creaci\u00f3n entera<\/strong>, por los hombres, por los p\u00e1jaros, por las bestias, por los demonios, por todas las criaturas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Por eso ese hombre no cesa de orar hasta por los enemigos de la verdad y por aquellos que le hacen mal. Incluso reza por las serpientes, <strong>movido por la infinita piedad<\/strong> que se desvela desde el coraz\u00f3n, y que le hace <strong>semejante a Dios\u201d.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Y entonces comprendemos qu\u00e9 es el verdadero amor al pr\u00f3jimo. Se nos ha repetido tan a menudo que ten\u00edamos de hacer esfuerzos para amar a los otros o vencer una antipat\u00eda, que <strong>hemos llegado a creer que el amor al pr\u00f3jimo depend\u00eda de nuestra buena voluntad<\/strong>. Es verdad que el amor fraterno requiere nuestra actividad, pero esta actividad es la acogida en las profundidades de nuestro coraz\u00f3n del amor que es suscitado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Del amor al pr\u00f3jimo se puede decir lo mismo que de la oraci\u00f3n:<\/strong> mientras intentaremos producirlo fuera de nosotros, solo por los esfuerzos de la inteligencia o de la voluntad, fracasaremos lamentablemente. Este amor no es una virtud moral.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>Antes de amar a Dios y a los hermanos, hay que vivir esta realidad: \u201cDios me ama. Por tanto, es un amor recibido<\/strong>, es la vida del Resucitado infusa en nuestros corazones. La caridad es siempre el fruto de la Pascua de Cristo. Se comprende as\u00ed que un coraz\u00f3n, un cuerpo, penetrado completamente de la vida del Esp\u00edritu, experimenta, al mismo tiempo que la oraci\u00f3n incesante, un verdadero amor al pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Hablando estrictamente, no se nos pide hacer esfuerzos en la caridad, porque se corre el riesgo de las ilusiones sentimentales o voluntaristas\u2026 En cambio<strong>, viviendo pobre y desarmado, uno se siente naturalmente entregado.<\/strong> Es por esto que Cristo insiste en las Bienaventuranzas y sobretodo en la pobreza: <strong>un pobre sabe acoger el amor y darlo. <\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Patriarca Aten\u00e1goras, que era un hombre de oraci\u00f3n, era tambi\u00e9n un ser de relaci\u00f3n, capaz de manifestar la ternura de Dios a sus hermanos. A prop\u00f3sito de la pobreza como condici\u00f3n del amor, dec\u00eda: \u201cHay que hacer la guerra m\u00e1s dura, que es <strong>la guerra consigo mismo. Hay que llegar a desarmarse<\/strong>. Durante a\u00f1os he hecho esta guerra y ha sido terrible. Pero ahora ya estoy desarmado. <strong>Ya no tengo miedo de nada porque el amor expulsa el miedo.<\/strong> Estoy desarmado de la voluntad de tener raz\u00f3n, de justificarme descalificando a los otros. Ya no estoy al acecho, crispado celosamente por mis riquezas. <strong>Acojo y comparto. No estoy aferrado a mis ideas y a mis proyectos.<\/strong> Si me presentan de mejores, o incluso si no son mejores pero son buenos, los acepto de buen grado. He renunciado a comparar. Aquello que es bueno, real, verdadero es siempre lo mejor para mi. Esto hace que ya no tenga miedo. <strong>Cuando uno ya no tiene nada, no tiene miedo<\/strong>. Si uno se desarma, si uno se desposee, <strong>si uno se abre al Dios-Hombre que hace nuevas todas las cosas, entonces el Dios-Hombre le borra el pasado y le da un tiempo nuevo donde todo es posible\u201d.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: right\"><em>Jean Lafrange: La oraci\u00f3n del coraz\u00f3n<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[youtube https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=CDkVc910MFU] &nbsp; [youtube https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=2_MNAK7ZSBo] &nbsp; Lectura espiritual Cuando el Esp\u00edritu ha establecido su morada en el coraz\u00f3n del hombre, es evidente que uno ya no puede distinguir entre amor a Dios y amor al pr\u00f3jimo, oraci\u00f3n y caridad fraterna; estas dos realidades est\u00e1n inextricablemente unidas. 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