Les nostres parròquies van ser presents en la celebració d’enviament dels agents pastorals

En l’inici d’aquest nou curs pastoral, la Catedral va acollir aquest diumenge, dia 4 d’octubre, la celebració d’enviament dels nous delegats diocesans, directors de secretariats, comissionats o caps de departament, i dels agents de pastoral que col·laboren en les diverses parròquies o comunitats de l’arxidiòcesi.

De les nostres parròquies varen participar col·laboradores de les pastorals de Catequesi, Salut i Càritas.

Podeu llegir la crònica completa i veure la galeria fotogràfica en aquest enllaç.

Diumenge XXVII durant l’any / A / 2020

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Lectura Espiritu
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 ¿Cómo orar ante la Custodia? La respuesta, como siempre, no es única. Pero podemos deducir algunas consecuencias del signo manifestativo: ahora Jesús está ante nuestra mirada.

Así como la Misa tiene el signo de sacrificio, y así como la comunión tiene signo de alimento (tomad y comed; tomad y bebed: signo que recibe su sentido primario por las palabras de la institución), y así como la Presencia permanente en los Sagrarios tiene el signo de compañía (permanencia que siempre espera  ̶ la actitud de todo verdadero enamorado es esperar ̶ ), la exposición ostensible del Santísimo tiene, precisamente, el signo sensible de ver.

Si la Eucaristía es un signo sensible, y la mirada también es sensible, habrá, pues, la posibilidad de recibir gracia a través de la mirada. Así como recibimos gracias del comer, del acompañar, del participar en el Santo Sacrificio, también recibiremos gracias del ver. Desde la Hostia sale un rato de gracia hasta nuestra retina, y de ahí al corazón.

En un documento enviado al obispo de Lieja  ̶ ciudad de gran tradición eucarística porque ahí nació la solemnidad del Corpus Christi ̶ , san Juan Pablo II escribió que la Hostia expuesta permite encontrarse constantemente con Cristo, verdadero Dios y verdadero Hombre… y experimentar su presencia. Luego el Papa va más allá y asegura que en esos momentos no solo somos nosotros los que lo vemos a Él, sino que le permitimos a Jesús, en esa exposición manifiesta de su sagrada Humanidad, dejarnos observar por Él. Podríamos decir a Jesús: Expuesto en tu manifestación eucarística declaras una precisa voluntad: que te veamos. De este modo quizá acabaremos por comprender que también Tú, desde la blanca Hostia, nos estás mirando.

Cuando Jesús expuesto en la Custodia nos invita: deja que te mire… es porque antes ha supuesto también la actitud nuestra: tú también mírame, y ahí, en el flujo de miradas entre la Hostia y el que la contempla, se producirá un encuentro sencillo pero lleno de gracia. Porque su Mirada es portadora de bienes, con la fuerza verdaderamente increíble del poder de Dios…

El aspecto más sublime de la dignidad del hombre está precisamente en su vocación a establecer una relación con Dios en este profundo intercambio de miradas que transforma la vida. Para ver Jesús lo primero que hace falta es dejarse mirar por Él.

Con la ayuda de la Exposición al Santísimo, llegará a ser para nosotros el tema de la mirada uno de nuestros recursos más frecuentes para orar. Ya hablamos de esto en un capítulo anterior, citando a santa Teresa de Jesús y a santa Teresita. En la Exposición de la Sagrada Forma podemos ofrecer nuestra mirada de amor como respuesta a otra Mirada previa, envolvente. Orar ante el Santísimo expuesto es tomar conciencia de un Dios que vive vuelto hacia nosotros, atento a cada uno, mirándonos.

Ricardo Sada; Consejos para la oración mental

Diumenge XXVI durant l’any / A / 2020

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Lectura Espiritu
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Asegura san Alfonso María de Ligorio que «entre todas las devociones, esta de adorar a Jesús Sacramentado es la primera, y después de los sacramentos, la más agradable a Dios y la más útil para nosotros». En su pequeño libro Visitas al Santísimo refleja el amor más puro al Sacramento, infunde un contagioso entusiasmo por la Presencia Real y asegura a sus lectores el dulce consuelo de los Sagrarios. Invita a hacer la experiencia, a probar personalmente cuán suave es el Señor:

«No tardes, oh alma devota, no tardes en comenzarla también ti… Gustate et videte, quan suavis est Dominus; experiméntalo y verás el gran aprovechamiento que sacarás. Ten por cierto que el tiempo que emplees con devoción delante de este divísimo Sacramento, será el tiempo que más te reportará en esta vida y más te consolará en tu muerte y en la eternidad».

El sabio insiste además que no hay tiempo mejor empleado, ni lugar donde puedan extraerse las más santas resoluciones, ni venero que mejor calme la sed…

«…y sabe que acaso ganarás más en un cuarto de hora de adoración en la presencia del Santísimo Sacramento, que en todos los demás ejercicios espirituales del día… Y ¿dónde mejor que a los pies del Santísimo Sacramento, las almas santas han tomado las más hermosas resoluciones?… ¡Oh, que delicioso es estarse delante de un altar, con fe y un poco de tierna devoción, para hablar familiarmente con Jesucristo, que allí está expresamente para acoger y escuchar a quien le ruega! ¿Para qué más palabras? Gustate et videte».

Todos los santos sin excepción se han revelado asiduos a la dulce práctica de las visitas eucarísticas. Y es porque en la tierra no es posible hallar alegría más pura, ni tesoro más rico que Jesús Sacramentado. El austero Tomás descubre una razón entrañablemente añadida a los motivos por los que Jesús decidió quedarse en el Pan. «Conviene también a la caridad de Cristo», explica, «porque es propio de la amistad como dice el Filósofo, “convivir con los amigos”». Sí, también para Jesús es consoladora nuestra compañía: el amigo se alegra con la presencia del amigo.

El cardenal Giovanni Coppa, quien fuera nuncio apostólico en Chequia, recuerda un episodio de la estancia de san Juan Pablo II en Praga el año 1995:

«La primera noche, después de la llegada y la cena con los obispos, se dirigió a la capilla ante el Santísimo. Yo le acompañé, esperando fuera. Al día siguiente, por la tarde, no pude acompañarlo a la capilla, a causa de compromisos y llamadas urgentes. Llegué después, cuando ya estaba arrodillado. Antes de entrar escuché una especie de música que no se distinguía, y cuando abrí silenciosamente la puerta escuché que, arrodillado en el banco, cantaba en voz baja ante el sagrario. El Papa cantaba en voz baja ante Jesús Eucaristía: El Papa y Cristo en la Hostia, Pedro y Cristo. Para mí fue algo muy conmovedor, una llamada muy fuerte a la fe y al amor por la Eucaristía, y a la realidad del ministerio petrino. No he olvidado jamás aquel débil canto, que era como un coloquio de amor con Cristo. Una sola vez he contado este episodio, en la República Checa, pero conviene que se conozca, mucho más ahora que se acerca su beatificación, porque muestra magníficamente que debemos tener un vínculo siempre vivo, íntimo y profundo con Jesús, vivo en la Eucaristía. Y demuestra, en grado superlativo, que Juan Pablo II fue verdaderamente un enamorado de Cristo.

Los católicos somos afortunados al tener la convicción de que entre nosotros está el Redentor, día tras día, segundo a segundo, igual que estuvo en Palestina, con su Presencia Real y verdadera, con su mirada amable y sus pies fatigados del camino, con su poder omnipotente y su infinita sed de ser correspondido.

Haz la prueba, para tu gozo y para el suyo. Gustate et videte…

 

Ricardo Sada; Consejos para la oración mental