XVI Domingo del tiempo ordinario / B / 2021

Leer la Palabra de Dios

Leer la Hoja Dominical

 

 

Lectura espiritual

17. EL MUNDO
Estar en el mundo sin ser de él

Después lo llevó a una cima y le mostró en un instante todos los reinos del mundo. El diablo le dijo: te daré todo ese poder y su gloria, porque a mí me lo han dado y lo doy a quien quiero. Por tanto, SI TE POSTRAS ANTE MÍ, TODO SERÁ TUYO. Le replicó Jesús: Está escrito. Al Señor tu Dios adorarás, a él sólo darás culto. (Lc 4,5-8)

El diablo coloca a Jesús ante el mundo y le dice: ¡Es tuyo! ¿No decías que querías ser el mesías, que querías ayudar al pueblo, que tenías vocación de servicio…? ¡Pues ahí tienes a tu gente! Olvídate de lo que estás tramando: llamar a unos cuantos, constituir una pequeña comunidad, ir poco a poco, corazón a corazón, avanzar con modestia, dejar libertad de elección… todo lo tienes aquí, de golpe…

Desde la cima en que ambos se encuentran, lo que Jesús ve es a una inmensa muchedumbre. Ésta es precisamente la tentación: creer que para existir se necesita de la multitud. Creer que se depende del reconocimiento ajeno. Pero Jesús no cae en la trampa de argumentar. Para vencer le bastó una palabra: no.

¡Cuán fuerte debe ser una experiencia (interior) como para resistir una tentación (exterior) de semejante envergadura! Porque todo, absolutamente todo lo que un hombre puede desear, lo tenía Jesús en ese momento ahí, a su disposición. Pero él dijo no.

Ese no es el que nos permite seguir a Cristo y realizarlo: ser Cristo, ser espíritu para el mundo. Lo que nos construye no es únicamente el sí que podamos dar a la realidad, también el no que hemos de dar a la ilusión. Todos padecemos de un modo u otro esta tentación del mundo ¡Son tantas las cosas magníficas y apetecibles que esta vida puede brindarnos!

La principal dificultad que tenemos en el camino espiritual es que pretendemos meter a Dios en nuestra vida, no meternos nosotros en la suya. Solemos organizar nuestras vidas según nuestros criterios para luego, cuando ya está todo organizado, ver cómo encaja la espiritualidad.

Entre el mundo y Dios -dicho de otra manera- es minoría la que elige a Dios. Por supuesto que Dios es compatible con el mundo (son muchos los que le rinden culto en medio de la sociedad), pero sólo si primero se despega uno del mundo y se le elige a Él.

Despegarse del mundo en aras de lo espiritual es un paso gigante. El mundo no renunciará a nosotros; seguirá llamando a nuestra puerta, aunque nosotros pensemos que lo hemos dejado atrás. Del mundo hay que despegarse una y otra vez, cada día. Y en la medida en que lo hacemos cobra fuerza en nosotros lo espiritual. Sólo quien renuncia al mundo lo goza bien. Siempre estamos escogiendo entre el espíritu y el cuerpo, entre la palabra y el pan.

Adora al Señor tu Dios y a él solo darás culto. Nadie puede realizarse por la vía del ego, sino precisamente superando esa tendencia humana, tan arraigada como nefasta, a la apropiación y a la autoafirmación. Adorar a Dios quiere decir dejar de vivir desde el pequeño yo (el pan, el cuerpo, la mente) y dar paso al yo profundo y auténtico (también de la palabra, del espíritu). La adoración es la única medicina sensata frente a la idolatría del ego. Tú no eres el centro del mundo, sal de ti.

(Inspirado en el libro: Biografía de la luz, de Pablo d’Ors)