DIUMENGE XXV durant l’any / C / 2022

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Una mirada artística a l’Evangeli del Diumenge, un gentilesa de l’Amadeu Bonet, artista.

 

Lectura Espiritual

EL CIEGO DE NACIMIENTO (Jn 9,1-3;6-9)                    

La luz no es más que una sombra alumbrada                                             

Mientras que Jesús ve de verdad la oscuridad ajena (es decir, compasivamente), en los discípulos suscita preguntas capciosas: ¿por qué sucede esto? ¿quién es el culpable? Buscamos explicaciones lógicas, de causa efecto.

Nos hemos acostumbrado a vivir en la oscuridad hasta tal punto que llegamos a dudar de que la luz exista. Por eso, la reacción de los discípulos ante este ciego de nacimiento no es preguntarse por lo que ellos podrían hacer para aliviar esta situación. Nos hemos olvidado que hay luz en este mundo.

El trabajo espiritual consiste en llevar con nosotros, de alguna forma, todo lo que han vivido los que nos precedieron, todo cuanto ha sucedido en la historia de la humanidad y, con todo eso, subir un escalón. No dejar nuestra herencia atrás y olvidarla, sino convertirla en fuerza para el ascenso ese nuevo peldaño y, así, en ocasión de luz para quienes vengan por detrás.

La primera fase es la conversión: tocar tierra, darnos cuenta que para sanar hemos de volver a la realidad que somos. Bajar para subir, enterrarnos para volar, ir a la tierra para volver al cielo.

La segunda fase es la purificación: limpiarnos de lastres y adherencias extrañas. Bautizarnos de nuevo para recibir una verdadera iniciación.

La tercera y última fase es la iluminación: abrir los ojos, acabar con nuestras cegueras. Ser un nuevo Cristo, que dio la vista a los ciegos. La iluminación adviene siempre donde reinaban las tinieblas.

Todo este proceso requiere sólo de una condición: ir a la piscina de Siloé, es decir, obedecer a la voz que nos llama al bautismo, esto es, volver a empezar.

Por supuesto que somos víctimas de sombras ajenas. Pero ese influjo oscuro es exorcizado cuando se realiza un trabajo espiritual.

Los convertidos, purificados e iluminados siempre levantan sospechas. Pero ¿no es éste el mendigo?, preguntan al verle curado de su ceguera. ¿No es éste el hijo del carpintero?, se preguntan ante Jesús sus paisanos. Éste dejó de ir a la iglesia, yo le conozco, no me lo creo. Éste está cerca de los poderosos, o tiene un carácter pésimo, o es un mujeriego, un glotón, un bebedor, un iluso, uno que sueña con la gloria… Nos cerramos unos a otros la posibilidad del cambio. Nos apegamos al pasado. No entendemos que sólo se iluminan los mendigos del ser.

¿Dónde está quien podría abrir nuestros ojos? Ignoramos que lo tenemos dentro, tan cerca. Ignoramos que bastaría con que obedeciéramos una orden: Ve, lávate.

 Pablo d’Ors, Biografía de la luz

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