Diumenge III d’ADVENT / B / 2023

Llegir la Paraula de Déu

Llegir el Full Dominical



Una mirada artística a l’Evangeli del Diumenge, un gentilesa de l’Amadeu Bonet, artista.


Lectura Espiritual

El primer día
Nuestra alma está alegre cuando está creativa

El primer día de la semana, muy temprano, todavía a oscuras, va María Magdalena al sepulcro y OBSERVA QUE LA PIEDRA ESTÁ RETIRADA. (Jn 20,1)

En cuanto horizonte de toda búsqueda espiritual, la iluminación requiere un camino y unas condiciones. Es de esto de lo que nos habla todo el evangelio y este fragmento en concreto.

La organización de la biblia en un Antiguo y en un Nuevo Testamento no es más que la plantilla para narrar los hechos de salvación en dos tiempos: el primero, en el que los hechos se anuncian y realizan en cierta medida; u el segundo, en el que esa realización se cumple y lleva a plenitud. Así, por dar algún ejemplo, Adán, Abraham, Moisés, Jonás… son prefiguraciones veterotestamentarias de ese nuevo Adán, ese nuevo Abraham, ese nuevo Moisés o ese nuevo Jonás que es Cristo. Así que el significado de Adán, Abraham, Moisés o Jonás quedaría incompleto y sería insuficiente sin Cristo. Marí, en esta nueva línea, es la nueva Eva. El bautismo es la prefiguración de la muerte y resurrección. Y así podría explicarse la revelación cristiana entera. El ejemplo más emblemático de esta forma bipartita de estructurarlo todo es la creación del mundo, que estaba a la espera de una nueva creación para estar completa. Todo camino espiritual habla de una nueva creación. Esa nueva creación en el cristianismo se llama redención.

Tras estos planteamientos hay una idea clara: no podemos comprendernos sin la historia. Necesitamos una figura del pasado para entender nuestra figura presente. No hay identidad sin alteridad. Narrar bien es explicar cómo lo que sucede ha tenido su germen en lo que sucedió. Mostrar el hilo conductor de lo uno a lo otro: de la semilla al árbol. Esta concepción se apoya en la convicción de que la historia tiende hacia su plenitud.

La Creación, toda creación, es una cuestión de tiempo. Primero del tiempo propicio para crear, puesto que no puede crearse antes de tiempo: hay que esperar a que llegue el tiempo oportuno, que siempre es “el primer día” (que es cuando, según el Génesis, dios crea el mundo). Claro que esperar a que llegue ese día no supone cruzarse de brazos, sino vivir lo más intensa y dignamente que se puede de lunes a viernes, es decir, los días del trabajo, así como con toda la intensidad y dignidad que se pueda también el sábado, la jornada de descanso. La mentalidad bíblica ofrece, por tanto, una plantilla que hace pensar que sin trabajo y sin descanso (sin espirar e inspirar), no puede haber creación (ese instante mínimo pero perceptible entre la espiración y la inspiración). Nada hermoso o memorable puede nacer de nosotros sin antes trabajar y descansar.

Trabajar es estar en las cosas y con los otros. Descansar es estar con uno mismo y con Dios. Necesitamos de la realidad, de lo múltiple, de lo exterior (eso es el trabajo); pero también necesitamos del fundamento de esa realidad, de lo uno, de lo interior (eso es el descanso). Sólo con esas dos experiencias es posible la posterior experiencia del crear. Durante el trabajo nos entregamos a las cosas y a las personas. Comprobamos en esa entrega hasta qué punto esas cosas y esas personas nos responden, entrando con ellas en una relación. Amor, entrega atención: éstas son las condiciones para que esa relación sea fecunda. Entendido así, lejos de ser una condena, el trabajo (de lunes a viernes) es una de las formas humanas de estar en el mundo. Las otras dos son precisamente el descanso (el sábado) y la creación (el domingo).

Biografía de la luz, Pablo d’Ors